Mi Autoestima es lo Primero
Sin excepción.
Y lo único que podría hacer que no me priorice sería una emergencia familiar.
En serio, así de extremista.
Me he sentido atacada en alguna ocasión por este discurso que no da lugar a medias tintas, y, sinceramente, me he justificado bajo la premisa de que, quizás es que me ha costado tanto aprenderlo que para conseguir creérmelo he tenido que convertirme en una extremista de la Autoestima.
Pero a medida que pasa el tiempo me he dado cuenta de que, para mi, mi autoestima es lo primero. Sin justificaciones.
Y realmente creo que no hay más verdad que esta.
Y es que tener una postura firme sobre lo imprescindible de quererse a una misma por encima de todo, no está reñido con nada más que lo que atenta directamente contra mi amor propio.
Sí, me quiero por encima de todo y soy capaz de querer hacia fuera, capaz de dar sin esperar nada a cambio, soy capaz de cuidar, proteger y amar con el alma entera.
Crecí con la creencia de que esa forma de pensar era egoísta, por lo que me dejé sola más de 30 años, y cuando por fin me encontré a los 36, estaba emocionalmente tirada en un arcén, magullada, asustada, triste, perdida y rota. Y sí, necesité una ostia monumental en el orgullo, el ego y en lo más profundo de mi ser, pero te prometo que aquel devastador lugar ha sido mi mayor maestro. Por ello ahora no escatimo con ponerme por delante, por eso ahora no negocio con mi bienestar. Y ¿Sabes lo más curioso? Desde que vivo desde mí, todo lo demás es mucho más abundante, tengo más amor del que puedo abarcar, tengo todo el respeto que merezco, mi vida está mucho más alineada con la persona que me gusta ser, mi voz es más clara, mis pasos más firmes, mis relaciones más sinceras y mi alma más feliz.
Durante años, viví con una sensación de insatisfacción continua, parecía que nunca estaba contenta, nada era suficiente, desde aquí recuerdo estar muy enfadada con la vida, con mi vida. Siento que nunca me encontraba por más que me buscara, pero ahora entiendo que nunca busqué en mi amor propio.
Me olvidé de quererme a mi.
Así que me desgañité por buscarme en mis relaciones, en las conversaciones con l@s amig@s, en la culpa, en la aprobación de mi familia, en la decoración de mi casa, en los dramas, en las vacaciones, los días especiales, los miles de trabajos, en los títulos a medias… pero claro, nunca se me ocurrió llevar la mirada hacia mi.
De hecho, eso lo detestaba.
No ha sido de un día para otro, quizás ha sido y es, el proceso más doloroso de mi vida, pero Aprender a Mirarme me ha dado al amor de mi vida.
Mirarme me ha llevado a mí.