Soltar

 
 

Y confiar.

Siempre creí que las cosas que dolían, que costaban, que daban miedo, debía enfrentarlas sin parar.

¡Qué creencia más difícil!

Cuando se presentaba un dolor, me empeñaba en trabajarlo sin parar, buscaba mil maneras de curarlo, de aprender de él, de pasarme la pantalla. 

 

La experiencia me ha enseñado que no es así. Y no hablo de no confrontar aquello que te remueve o aquello que te duele, todo hay que hacerlo consciente y dejarnos aprender por cada circunstancia, pero igual de inteligente es soltar aquello que nos retuerce, aquello que no depende de nada que podamos hacer, aquello que no es nuestro, aquello que es un hecho del pasado que ya es eso, pasado.

 

Aprendamos a soltar la autoexigencia, a soltar la pena, e incluso de vez en cuando, a soltar el control. 

Fluir con la gratitud, los anestésicos emocionales y los malos días, que oye, también están bien. 

 

Soltar para siempre el victimismo, los juicios, la rabia, el reproche, la vergüenza, las limitaciones y la inseguridad.

Quitarte el disfraz para andar más ligera, más natural, más libre y más empoderada.

 

Porque sí, soltar empodera.

Porque soltar lo que te limita te abre nuevas oportunidades.

Porque soltar lo que duele, te libera.

Porque soltar, te enseña a confiar.

 

La vida está deseando que sueltes esto ya, para poder mostrarte lo maravilloso que está por venir.

 

Espero que te ayude.

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